domingo, 13 de noviembre de 2011

¿FÚTBOL FEMENINO?... SI PAPÁ

El fútbol, asociado generalmente con la fuerza, el coraje, la habilidad y la destreza física, a largo del tiempo, ha sido catalogado como un deporte puramente masculino. Sin embargo, esta disciplina desde hace tiempo, cuenta con un nuevo integrante: la mujer.
            Desde sus orígenes este deporte tuvo un propósito claro, abstraerse de lo cotidiano por un rato, lo que generó claramente una identidad bien marcada en los hombres, entendiéndose identidad desde el punto de vista de Gilberto Giménez: “la identidad es una principio de distinción, una red de pertenencias sociales, es un acto de auto-reconocimiento y hetero-reconocimiento”(1). Los hombres se han apropiado de la práctica del fútbol en todos sus ámbitos, generando así una pertenencia social en sus actores, que hasta hoy en día existe, pero en menor medida.
            En sus comienzos era una actividad recreativa llevada a cabo por trabajadores durante sus tiempos de óseo. Aquel ambiente de trabajo, asociado en general a las fábricas, hizo que sea meramente una práctica masculina, un ritual de los hombres, como Rivera Gómez expresa: “el rito es la ruptura de lo cotidiano, con un marco espacio – temporal definido y también un escenario programado que se repite periódicamente en un tiempo cíclico que tiene en común la significación  simbólica” (2). Estos sucesos originados a mediados del siglo XIX con la llegada de miles de inmigrantes, fueron la base para la evolución de lo que hoy es, en nuestro país, el deporte más popular.
            Si nos remontamos a la historia, los primeros registros de un partido de fútbol femenino datan de finales del siglo XIX, no mucho después del comienzo en la actividad por parte de los hombres. A pesar de que ambos géneros comenzaron la práctica en tiempos similares siempre existió una clara diferencia cultural, entendiendose por ella como el  conjunto de procesos de producción, circulación y consumo de significación en la vida social (3), según Garcia Canclini. Esto se ve reflejado en la preponderancia de un sexo sobre el otro. 
            En esos comienzos, está en parte la explicación de que clases jugaban fútbol. A pesar de esto con el tiempo, otros sectores se integraron al círculo que encerraba la práctica futbolística. Un claro ejemplo de ello son los mundiales o partidos de selecciones, eventos donde las clases bajas, medias y altas se mezclan con un objetivo común, alentar a su país. Los jugadores también son reflejo de esto, en la actualidad un equipo de futbol cuenta en sus filas con futbolistas que nacieron en villas, y también aquellos que lo hicieron en un barrio de clase alta, esto explica lo popular que el fútbol es en nuestro país.
            En lo que respecta a las mujeres, las cosas no se diferencian mucho si se toma como análisis de estudio quienes lo practican o quienes lo consumen. Su popularidad no es demasiada, debido al poco apoyo e interés de los clubes (ver entrevista a Matias Eijo), como así también de los medios de comunicación dominantes.
            A partir del siglo XX, el fútbol se convirtió en el deporte más popular de la Argentina. No sólo es practicado por los hombres sino que la mujer fue pisando cada vez más fuerte en el verde césped

(1) Gilberto Gimenez, “ Materiales para una teoria de las identidades sociales”
(2) Rivera Gomez, “ El partido de futbol como ritual”
(3)García Canclini: “Laberintos de sentido”.

1 comentario:

  1. Bien la utilización de conceptos para explicar el ritual, la identidad, la diferencia de género. Son pertinentes las menciones a contextos históricos de surgimiento del fútbol en nuestro pañis y también las referencias a los actores, sus caracterñisticas y el vínculo con la masculinidad.
    Para problematizar el rol de la mujer su necesidad de abrirse camino podrían haber utilizado conceptos como el de hegemonía de Gramsci que estudiamos en el práctico desde el texto de Tulio Hernández.

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